Cuarenta días de vuelo medio

He aquí el primer post en los 44 días cumplidos que llevo en Madrid. He vivido muchas emociones en esta experiencia de cambio: nuevo país, nuevo clima; mismo compañero pero nueva convivencia y, de paso, con roommates incluidos.
No, no es una queja. Son chicos decentes, venezolanos, profesionales. Cada quien respeta el espacio del otro, aunque cueste adaptarse a formas diferentes de hacer las cosas.

Y es aquí, en Madrid, donde vine a separarme del nido materno para compartir techo con mi pareja. El asunto ha sido como abrir un portal a una dimensión desconocida de la relación: habrás viajado mucho con esa persona; lo habrás visitado miles de veces, cocinado en su cocina y le habrás puesto voces a sus peces cada vez que ibas a ver una peli en su cuarto. Pero cuando vives con él descubres -literalmente- lo que oculta debajo de su cama. Sólo que ahora ésta es compartida, el nórdico (edredón) es común, luchas por la soberanía territorial de tu oso Teddy (alias Pegaso) sobre TU lado y desarrollas un rechazo casi patológico por las migas de pan que van a dar, con toda confianza, a donde duermes.

No es fácil.

Son dos personas criadas como hijos únicos que ahora comparten casa en otro continente. Se ponen a prueba muchas cosas, las individualidades chocan y se corre el riesgo de no hallar consenso.

La recompensa: llegar a casa juntos. Tener un generador de calor natural a una brazada de distancia. Contar con tu novio en una transición tan drástica como la migración. Despertar con él. Desayunar con él (mientras se pueda).

Saber que, al final del día, estará allí. Aunque debas enfrentarte a Cuevana y sus pelis infames. Allí está. Ansioso por la misma paz. Entregado a la seguridad de una ciudad que permite moverse en metro o bus a toda hora, aunque él lo haga en bici.

Aún nos queda Madrid por recorrer. Al menos a mí. Por eso titulé el post como “vuelo medio”: tengo la libertad pero todavía entreno mis alas 🙂 . Google Maps es un buen aliado cuando tienes la dirección exacta; de lo contrario, te puede hacer caminar bastante sin un rumbo claro. Nos hemos echado algunas perdidas que nos han servido para conocer un poco. Recuerdo mi experiencia como periodista de viajes y no puedo evitar darme cuenta de que inicié un periplo donde no hay itinerario ni fecha de regreso.

Apenas es el comienzo y hay mucho que quisiera contar. Ya lo iré haciendo. A mis amigos: sepan que los extraño y pienso todos los días. La idea de escribir un blog rondaba mi cabeza desde que llegué y, finalmente, decidí aprovechar mi insomnio para hacerlo (el jet lag SÍ existe y puede durar bastante).

Ahora soy un papagayo con espíritu felino.